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domingo, 10 de junio de 2012
viernes, 1 de junio de 2012
La Cultura como Acción
RESUMEN: Esfera pública y derechos culturales: La
cultura como acción
(Gisela Cánepa-Koch)
Se toma como ejemplo inicial el rechazo del Estado peruano hacia la significativa
donación del gobierno Alemán con el fin de materializar una de las
recomendaciones del informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación: el
Museo de la Memoria. A partir de ello, Gisela Cánepa plantea la puesta en
debate de conceptos básicos que se desglosan de la idea de Museo, tales como lo
público, la cultura y la memoria.
Lo que plantea Cánepa es: “si bien el debate es ciertamente político e
ideológico, también vale la pena abrirlo a un debate académico en el que se
reflexione críticamente acerca de nociones como cultura, museo y lo público,
que enmarcan el modo en que se conceptualizan y llevan a cabo las políticas públicas de la
cultura”. Lo interesante es analizar
cómo a partir de una propuesta de gestión cultural que es el museo, se erigen
argumentos falaces, que parecieran más bien esconder intensiones represivas
sobre el hecho de dar a conocer una realidad histórica que aún mantiene a
nuestro país en la indiferencia e impide la reconciliación. Decir por ejemplo
que en un país pobre como el Perú se debe priorizar la inversión en aspectos
esenciales como la producción suena bastante convincente para mantener la tranquilidad del pueblo; sin
embargo ¿es esa la realidad?, ¿realmente estamos “priorizando en necesidades
básicas” y estamos encaminados hacia complementar esa satisfacción con algo
llamado “cultura”? Ni lo primero, ni mucho menos lo segundo; este argumento es
una agradable forma de maquillar las intenciones de ocultar el pasado
vergonzoso y violento, que según las investigaciones colocan al Gobierno de
turno como uno de los principales culpables de innumerables atropellos a los
DDHH. Pues, según sentido común, si la manipulación de la información en una
manera eficaz de mantenerse en le poder, ¿por qué el Gobierno de ese entonces
se tomaría el trabajo de poner en marcha un proyecto que ventilaría su propia y
cómplice culpabilidad?
Desde otra perspectiva se presenta otro argumento, esta vez a favor,
poniendo como ejemplo una reflexión de Mario Vargas Llosa, quién se refiere al
museo como medios de “curación y sensibilización”. Como menciona la autora “si
bien estos argumentos son expuestos desde posiciones ideológicas distintas,
coinciden con respecto a una cierta manera de entender la cultura, según la
cual esta se identifica con la alta cultura y los valores universales”. Es
decir que en ambos argumentos se habla de cultura
como una cosa que se posee, se adquiere o se pierde, lo que constituye una
forma limitada de analizar el concepto de cultura, a la vez que la elitisa y aleja de una percepción más democrática de
las prácticas culturales de cualquier ciudadano.
Relacionando la amplitud del concepto de cultura y en particular el tema
de la memoria y la reconciliación, nos ubicamos frente a la urgencia de
reconocer y comprender las múltiples maneras de vivir el dolor – lo cual es una
expresión cultural, sea un ritual con respecto a la muerte o un entierro bajo
tierra ante un sacerdote- para poder
incluir a los diversos actores y así ir fortaleciéndonos dentro de un modelo
inclusivo de desarrollo. Para ello
resulta primordial entender que “el trabajo de la memoria no tiene por qué
reducirse a los lenguajes documentalista y etnográficos, también la ficción y
la imaginación pueden contribuir con esa labor…” Es así que se puede entender
la eficacia del Museo, en términos de permitir que la diversidad de la
expresión cultural tenga una voz que pueda no sólo gritar para ser oída, sino
entrar en diálogo con las voces oficialmente establecidas para lograr un
verdadero cambio en los esquemas, los que con anterioridad permitieron tanta
violencia interna.
Es aquí donde entra a tallar la idea de Esfera Pública “más inclusiva y respetuosa de los derechos
culturales, la cual se mide por la posibilidades de participación; que tiene que
ver con asuntos de performatividad”. Esta idea de la autora es básica pues de
ella se deduce que si se le da un lugar protagonista a la expresión cultural
dentro de un espacio público -sistematizado pero democrático- esto garantiza
que se pase de la discusión a la práctica; así se amplía y facilita la opción
de convertir un reclamo en un cambio sustancial en la cotidianidad.
Tomo como ejemplo la Radio la Colifata, la cual es una iniciativa de la
asociación argentina del mismo nombre (nota 1). Esta asociación, cuyo nombre es
una expresión común referida a la locura, propone la inclusión del “enfermo
psiquiátrico” a través de la transmisión de un programa radial, convirtiéndose
–en palabras de Cánepa- en “un grupo social que constituye su identidad a través
de la experiencia de formas mass-mediáticas en relación con las prácticas de la
vida cotidiana”. En otras palabras, se
le da al comúnmente etiquetado y discriminado enfermo psiquiátrico una voz en un espacio mediático regular: la
radio. Y siendo su condición mental una de sus más fuertes pertenencias es ella
la que define su identidad, y tener posibilidad de expresión en un espacio de
gran alcance comunicativo contribuye al fortalecimiento de dicha identidad. Es
importante mencionar que en estos programas se incluyen segmentos donde los
actores (internos y ex internos) pueden expresarse libremente -acerca de la
manera en que se autor reconocen como ciudadanos de igual valor para la
sociedad- mediante discursos simbólicos como la poesía y la música. Esto se ha convertido en un recurso realmente
contundente para la meta de la inclusión, pues lejos de conformar un
espectáculo donde el público pertenece ajeno, es un invitación hacia la
aceptación y respeto de la diversidad dentro de la vida diaria pues maneja códigos
con los que el ciudadano común está familiarizado: No temo al oírte por la
radio, te doy una oportunidad, me estás dando otra perspectiva sobre tu
condición mental, talves cuando te vea en directo consideraré acercarme a ti
como a cualquier otra persona.
Nota:
1: La
Colifata es una ONG que brinda servicios en salud mental utilizando los medios
de comunicación para la creación de "espacios en salud", además,
desarrolla actividades en el área de investigación. Es comúnmente conocida como
LT 22 Radio "La Colifata", la radio de los internos y ex internos del
Hospital Borda de Buenos Aires. Es la primera radio en el mundo en transmitir
desde un neuropsiquiátrico.
Links de referencia:
domingo, 23 de octubre de 2011
VACÍO: Psicoanálisis de la obra de Fito Espinosa
El método psicoanalítico nos permite dar una lectura, es como un punto de vista más y lo que pretendo a través de este ensayo – lleno de preguntas abiertas- es incidir en la presuposición de que nada escapa al Orden Simbólico
¿Quién no se ha sentido destrozado alguna vez, por (des)amor? Si Lacan se refería al ser fragmentado, partido, en pedazos dispersos, Fito Espinosa lo graficó de manera literal: el sujeto escindido es el personaje principal de esta obra. Eso está claro, pero la cuestión que parece plantear esta escena es ¿somos capaces de reconocernos como un todo?, ¿somos un todo en función al otro? ¿ es el estadío del espejo una mera ilusión momentánea que se derrumba en distintos momentos de nuestras vidas y que sentimos que reaparece de vez en cuando?
Si muchas teorías afirman al hombre como un ser social por naturaleza, ¿es posible llevar esta afirmación a un terreno más complejo que el de la satisfacción de necesidades vitales de sobrevivencia? (en aspectos específicos como el de la relación de pareja, por ejemplo).
“Hice un gran espacio para ti…
El hice indica una construcción del individuo, no expresaría lo mismo un apareció. El sujeto hizo un espacio para esa persona, para ese objeto a, la mujer. Lo hizo y se lo hicieron porque el gusto, la afinidad y la atracción no son predisposiciones con las que nacemos como si viniésemos con un chip desde que nos conciben: no son más que construcciones sociales.
Resulta muy extraña entonces la afirmación de “ser sociales por naturaleza”, en tanto lo social es una construcción, como la cultura y por otro lado lo natural es lo instintivo, en cierta manera lo animal. Es como una paradoja, donde es imposible establecer el punto exacto en que sí es natural la relación de un humano con otro. ¿Qué sucede con la relación amorosa?
Sin entrar en romanticismos sobre la complementariedad de las almas y el puro amor ¿quién nos dice cómo, a quién, por qué, hasta cuándo, cuánto debemos amar? Me resultaría muy decepcionante cederle toda esta tarea (digna de un ser o una fuerza divinos) al orden simbólico.
…y luego quedó vacío.”
¿A quién corresponde el trauma de este personaje sufriente? La silueta del objeto a es claramente femenina, pero ¿ocupa esa posición? Si pensamos en la Fórmula de la Sexuación lacaniana quien ocupa el lugar del esclavo en esta escena pareciera ser más bien el hombre. La mujer se parece más al orden simbólico, vemos que su figura está compuesta por el fondo y el fondo no es otra cosa que el mismo orden simbólico. Ella tiene el poder en tanto que ha sometido al sujeto a estar fragmentado, ella tiene la posición del amo en esta ocasión. Y siendo el amo, somete a la posición masculina al goce (no al placer), el individuo cierra los ojos: disfruta, sufre e intenta reconfortarse a sí mismo diciéndose que “pronto todo volverá a su lugar”. Claro que no todo volverá a su lugar para quedarse así, vendrá otro objeto a, y así se le da un sentido al goce, la repetición del disfrute y el sufrimiento.
Algo interesante por su constancia es donde sitúa Fito a sus personajes, el espacio sea abierto o cerrado siempre nos remonta a lo urbano. El papel tapiz indica nuevamente una construcción, un espacio privado lleno de patrones que siguen un orden, esto reafirmaría la idea de que el acuerdo social de que algo sea como es y no de otra manera es lo que va dictando incluso nuestros más profundos sentimientos. Que encuentres a tu media naranja dependerá -desde aquella visión de “todo es orden simbólico” que pretendo derrumbar de alguna manera en este este ensayo- del gusto que el sistema se le antoje implantar en ti y las condiciones en las que tu vida se vaya desarrollando.
Mi Objeto de Deseo se parece a Mí
Volviendo a la representación del Objeto A, expondré mi lectura sobre la construcción de este personaje según la premisa de que, cuando se trata de la pareja, buscamos fisionomías parecidas a las nuestras (formas del rostro, por ejemplo).
En el aspecto formal, la figura del hombre y la mujer es la misma, reconocemos la feminidad apenas por un doblés del vestido y el cabello. ¿Es acaso esta configuración anatómica un índice de narcisismo?
No es que Fito se parezca físicamente a sus personajes, aunque podría ser que en el revuelto de sus pensamientos se mire a sí mismo como uno de ellos y disfrute al exponerlos siempre ante el público (y si tomamos esto como una verdad implícita, obviamente es aplicable a cualquier producción artística visual).
Más allá del propio narcisismo que puede aflorar del artista llevándolo a auto-representarse en cada obra, prefiero mirar el asunto por otro lado: lo que grita la obra como un pequeño universo presentado como un síntoma.
El síntoma en esta representación de pareja es la gran similitud de las partes, es decir que el individuo satisface su deseo con algo que, a la vez que llene su trauma, lo contenga a sí mismo.
Es decir que, el trauma, ese hoyo en nosotros no es más que un trozo de nosotros mismos del que se nos despoja en un momento único e irrepetible de nuestra existencia, y por lo tanto tras el paso del tiempo (una condición del universo de la civilización, otra construcción del Gran Otro) cambiamos en tan variados aspectos que, ni así encontrásemos ese trozo de nosotros mismos podríamos llenar la falta.
Pero, si buscamos eso que nos falta en el objeto a ¿no es iluso pensar que el otro será ese trocito faltante si todos y cada uno de los individuos son sujetos con agujeros? Es como una fórmula fractal, sin fin, con la que podemos comprender por qué se afirma que el Objeto A no es otra cosa que el motor del Orden Simbólico: implica la impotencia del individuo y su afán de continuar sufriendo.
El Arquetipo del Sin Voz
Que Fito Espinosa siempre recurra a una particularidad infantil en su obra no puede ser un aspecto simplemente de ocurrencia formal o estética.
Por un lado podríamos deducir, basándonos en la etimología de la palabra infante, que los personajes de Fito no solamente nacen de conceptos arquetípicos de lo infantil, sino que representarían el lado natural del ser. Esto no tanto en relación con lo instintivo-animal, más bien con la presencia del “sin voz” reconocible en distintos momentos de la vida del individuo.
El infante aún no conoce el lenguaje, aún no ha sido corrompido por la ley. En este caso podemos leer el estilo singular de Fito, aquella estructura simplificada de la anatomía como un estilo no corrompido por las reglas tradicionales del arte realista.
Y… ¿Qué le hace escapar al artista de la fiel representación de la realidad? Resultaría fácil decir que el mercado le ha dictado esas maneras de representación, pero me arriesgaré a decir que Fito está apostando por invitarnos a recordar lo real, lo que ninguna imposición (ningún gran otro) podrá jamás arrebatarnos: la condición de infantes, de haber nacido fragmentados y de cierta manera libres.
Y por lo tanto…
Claro que el psicoanálisis me enrumbó hacia una comprensión de esta obra desde una perspectiva esquemática que de alguna manera reconforta y me hace sentir que como artista puedo sugerir lecturas similares en mi propia obra (encaminando así mi mensaje y mi posición).
Lo más sustancial tras esta lectura psicoanalítica es seguir manteniendo en pie mi tesis de que, efectivamente, ciertos aspectos sí escapan al orden simbólico. O, sin llegar a ser absolutista, suelto una cuestión más: ¿de qué manera le conviene al Gran Otro que este individuo haya perdido a su media mitad y sienta que pronto llegará otra más parecida a él?
Ya sé, de seguro este individuo comprará más desodorantes Axe, como una inversión segura para su próxima captura del objeto a. O tal vez, realmente la relación amorosa no cabe dentro del sistema, es tan extrañamente deforme que ni el tan cálido y cobijante lenguaje puede definirla.
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viernes, 19 de agosto de 2011
Intento de Psicoanálisis de Amelie
El Hombre de Cristal y la Niña del Vaso
"Verá, mi pequeña Amélie, usted no tiene los huesos de cristal. Podrá soportar los golpes de la vida. Si usted deja pasar esta oportunidad con el tiempo su corazón se irá volviendo seco y frágil como mi esqueleto. ¿Qué espera? Ande, vaya a por él."Raymond Dufayel, el Sujeto sesgado, su mundo interior es quebradizo como sus huesos y su mundo exterior reducido a una casa y una misma pintura desde hace ya 20 años. Muy a pesar de su dedicación para aquella pintura de Renoir, nunca puede concluir a un personaje en específico: la niña del vaso. No logra capturar alguna intención en esa mirada: ese personaje inconcluso donde no calza ningún trazo de pintura: es el agujero, el trauma que no puede llenar año tras año, ese algo que lo incentiva por estar inconcluso pero que lo amarra a una condena repetitiva y extremadamente monótona que reduce las experiencias de su vida y por tanto las emociones que ellas traen al ser humano. Entonces ahí tiene su lugar Amelie, quien sentada al lado del cuadro, de frente a Dufayel, sostiene un vaso y mira al artista, como un abismo de respuesta. Amelie es la forma visual de su objeto A, el artista desea aunque ya no con esa adrenalina, sentir nuevamente; así como puede sentir Amelie si se lo permitiese. Lo que él no puede realizar, por su discapacidad empieza a desearlo por motivación de la misma Amelie, el objeto A que aparece ante sus ojos en fragmentos de videos, como un collage de imágenes en movimiento mientras todo permanece estático en la realidad palpable de su hogar. Será recién cuando Amelie se enrumbe en el destino del que fue haciéndose acreedora durante toda la historia, que el anciano fragmentado hasta los huesos termine por fin al personaje de la niña con el vaso. El agujero del trauma parece haberse llenado, pero un vacío sigue presente, un nuevo motivo, Dufayel avanza en su vida, dejando a un lado a Renoir, la música es alegre y, mientras Amelie pasea abrazada del amor, comienza una nueva obra.
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